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"No hay palabras para describir tanto dolor": Urda, el pueblo que se movilizó para ayudar a las víctimas tras el accidente de trenes en España

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"No hay palabras para describir tanto dolor": Urda, el pueblo que se movilizó para ayudar a las víctimas tras el accidente de trenes en España

Cargando Cargando Urda es uno de esos lugares a los que he ido muchas veces para contar sus historias. Nunca pensé que volvería para contar una tragedia como esta.

Sirenas, ambulancias, bomberos y personas que caminan con la mirada perdida. Eso me encontré el miércoles cuando llegué a este pequeño pueblo de la provincia de Toledo, en Castilla La Mancha, al sur de Madrid.

Soy manchega, y durante muchos años trabajé en la televisión pública regional. Fue así como visité este pueblo tantas veces, sobre todo a finales de los meses de septiembre por la peregrinación del Cristo de Urda, una fiesta a la que acuden miles de personas de la comarca.

El ruido, las carreras, equipos médicos, autos que iban y venían, compañeros de los medios de comunicación, la actividad frenética. Y, en medio de todo, personas que intentaban ayudar a quienes acababan de salir de los trenes.

La imagen que tenía delante no se parecía en nada a la de ese pueblo que conozco.

Y una cosa es vivirlo como periodista y, otra, como paisana.

La adrenalina del periodista te empuja a seguir, pero la escena era dantesca.

Cuando llegué a la zona del accidente, a unos 8 km del pueblo, vi los vagones destrozados a ambos lados del terraplén y cómo los últimos heridos que podían caminar se dirigían hacia los autobuses habilitados para trasladarlos.

Al otro lado, una fila de ambulancias cargaba a los más graves.

La cabeza funciona casi en piloto automático, pero hay escenas que se quedan contigo.

Y mientras la prensa todavía trata de reconstruir lo ocurrido, en Urda hay vecinos que llevan horas haciendo todo lo posible por ayudar.

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Algunos trasladaron a heridos en sus propios vehículos, otros llevaron agua y comida al pabellón municipal donde se atendia a los afectados.

Por ejemplo, Soraya Rodríguez, de 40 años, que es propietaria de uno de los supermercados del pueblo y que cuando abrió las puertas del local por la mañana no era consciente de lo que estaba pasando.

"Hasta que empezó a venir gente a por agua, leche, comida", me cuenta.

La reacción fue inmediata. Repartieron el agua y la leche que tenían, prepararon bocadillos y ofrecieron fiambre (embutidos), fruta, guantes y vasos de plástico.

Donaron parte de los productos que tenían. Otra parte la compraron vecinos que quisieron colaborar.

"Me siento orgullosa de ser urdeña y de cómo ha reaccionado mi gente", dice.

Escucharla me recuerda algo que he visto muchas veces en los pueblos de Castilla-La Mancha: cuando ocurre algo grave, la gente se organiza sin que nadie les diga qué hacer. Cada uno busca la manera de echar una mano.

Ese mismo impulso sintió Alejo García de Blas, un vecino de Urda de 70 años, que estaba montando en bicicleta justo cuando ocurrió el accidente.

Como suele hacer muchos días, Alejo salió en bicicleta alrededor de las 8 de la mañana.

En un momento de su recorrido vio pasar un tren y cómo iba perdiendo velocidad hasta detenerse. Se acercó por curiosidad, hizo unas fotos y siguió pedaleando.

Era el tren Iryo, el que luego sabríamos que quedó detenido en la vía e intentó arrancar dos veces antes de ser embestido.

Alejo siguió su camino y, cuando había recorrido unos tres kilómetros, oyó un estruendo.

Esperó unos minutos antes de darse la vuelta. Al llegar al lugar del accidente, vio los trenes y a las personas que comenzaban a salir.

Pero lo que más recuerda no es el ruido del impacto, sino lo que vino poco después del golpe.

Ayudó a retirar una valla para facilitar el acceso de los vehículos de emergencia y se quedó orientando a los autos y las ambulancias que llegaban sin saber exactamente por dónde entrar.

Después empezaron a llegar los sanitarios, los bomberos y más vecinos. Algunos heridos podían caminar, pero otros se movían desorientados, con la ropa manchada de sangre y heridas visibles.

"Fue impresionante la cantidad de gente que se movilizó", señala.

A menos de un kilómetro del lugar del accidente está la finca de José Luis Díaz García, agricultor y ganadero de 69 años.

Fuente: BBC Mundo

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